5 de Marzo

in memoriamQué difícil profesión… El motivo por el que hayamos elegido este camino, no importa. Sólo importa que somos Policías. Podría hablar de tantos aspectos que implica la labor que desarrollamos, que necesitaría hojas y hojas para exponerlos todos, y seguro que muchos me quedarían en el tintero. Hoy sólo quiero dedicar mis palabras a uno, el riesgo.

Lo asumimos cada vez que entramos de servicio, y hasta que acaba y regresas a casa está latente, ahí junto a ti, como el hacha del verdugo esperando ser esgrimida… Inminente y sorpresivo, puede hacer que en un segundo todo acabe o todo vuelva a empezar. Sabemos, responsablemente, que ese riesgo está siempre presente y por eso intentamos estar en todo momento, de uniforme o de paisano, al 200 por cien, no bajando la guardia, despierto y preparado ante cualquier situación. ¿Cuántas y cuántas veces hemos podido solucionar con más o menos esfuerzo todas las intervenciones que se nos han presentado ahí fuera? Por desgracia, no siempre ocurre así, y lamentablemente, ha sido imposible, incluso en estado de máxima alerta, solventar la intervención que se nos ha presentado, dejándonos la vida en ella, literalmente hablando, sin poder haber hecho nada más para evitar caer, caer para siempre.

Como reza la canción “La muerte no es el final” del sacerdote Cesáreo Gabaráin, esa alma que ha caído, “…. ya le has devuelto a la vida… ya le has llevado a la luz…”. Y los que seguimos en pie, sus compañeros y amigos, debemos honrarle como se merece, y que su recuerdo no caiga en el olvido y siempre esté presente entre nosotros.

El año pasado después de la triste noticia que atormentaba nuestros corazones, el fallecimiento del compañero de la Policía Nacional D. Francisco Javier Ortega mientras ejercía su labor policial en un andén del metro de Madrid, algo afloró desde lo más profundo de nuestros sentimientos. De forma espontánea, por las diferentes redes sociales, decenas y decenas de policías empezaron a movilizarse por una noble causa, rendir homenaje a Francisco y a todos los compañeros caídos. Nunca antes, salvo en actos oficiales de las diferentes FFCCS, se había hecho, pero ahora cientos y cientos, lo pedían a gritos. Buscaban un lugar donde celebrar tan digno homenaje. Así fue como el 11 de enero, en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles de Getafe, mediante una bonita misa se honraría el recuerdo de nuestros caídos. El templo se quedó pequeño, y después de llenar cualquier hueco entre bancos de madera, columnas o peldaños de escalera, muchos se arrimaban a las puertas para acercarse lo más posible, no sólo para escuchar la misa, sino para arropar las almas de los compañeros difuntos.

Es imposible describir con palabras un acto en el que miraras hacia donde miraras, sólo veías una multitud incontable de uniformes de todas las FFCCS de España: Policía Nacional, Guardia Civil, Policías Municipales y Locales de multitud de ciudades y municipios, Mossos d´Esquadra e incluso Ertzaintza. Además muchos que no vinieron de uniforme y muchas otras personas, como la familia de Francisco Javier, que sin pertenecer a estos cuerpos querían estar presentes también. Como final a la celebración, en la explanada del cerro, sin que nadie la mandara, todos con perfecta disciplina se fueron colocando en formación, para desde la posición de firmes cantar el himno a los caídos.

Como empecé escribiendo, el riesgo nunca desaparece, y este año, más compañeros nos han abandonado. Una vez más, con la máxima difusión posible, el 5 de marzo, fue el sábado elegido para, en el mismo lugar y la misma hora como sucediera el año pasado, rendirles homenaje.

Pero, algo sucedió, no sabemos el qué, algo que ninguno de los que asistimos esta segunda vez lográramos entender. Con la tristeza tan reciente por el atentado terrorista en la Embajada de España en Kabul, en el que murieron un Subinspector y un Policía Nacional, y la muerte tan trágica que sufrió el viernes 4 de marzo, un día antes del acto, un Guardia Civil en un control de carretera en Basbastro (Huesca), no fue como la conmemoración del año pasado. Sólo ocho uniformes: 2 Policías Nacionales, 1 Guardia Civil, 2 Policías Municipales de Madrid, 1 Policía Local de Alcobendas y 2 Policías Locales de Fuengirola (sí, han leído bien, de Fuengirola) han estado presentes, además de alguno más de paisano, un nutrido grupo de moteros muchos de ellos pertenecientes a las FFCCS y algún ciudadano más. En total, con unos pocos bancos que ocupaban, y alrededor de tantísimos otros vacíos, en el altar, el Obispo de la Diócesis de Getafe acompañado de los sacerdotes titulares de la Basílica, el capellán de la misma, y dos monaguillos, celebraban la Eucaristía con los honores que se merecen, nuestros Ángeles ahora en el cielo…

Qué puede pasar para que, de un año a otro, de más de mil personas vuelvan menos de un centenar, cuando el fin es el mismo. Yo personalmente lo ignoro, pero sé con toda certeza, que siendo más o menos los presentes, nuestros caídos, nuestros queridos compañeros caídos, serán siempre orgullosamente honrados.

 

Un compañero

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